El edificio en época visigoda

El origen de la iglesia de la Asunción, conocida antiguamente por el nombre de Santa María, presenta puntos oscuros; aún no sabemos si el edificio sirvió para el culto desde el principio o bien, tuvo al comienzo carácter civil y fue transformado, posteriormente, en espacio religioso. En cualquier caso, a finales del siglo VI d.C., la construcción parece estar consagrada. En aquellos momentos, el templo se componía de nave rectangular y cabecera cuadrangular, esta última demolida siglos después, para levantar otra más grande en su sitio.

A los pies de la sala se halla una tumba, contrapuesta al ábside, en la cual sería enterrado, también a finales del siglo VI d.C., un personaje de elevada posición, tal vez, un gran propietario con intereses en el valle de San Vicente.

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La nave conserva íntegros sus alzados según se erigieron entonces. Los muros, de cantería de buena calidad, emplean abundantes materiales que proceden de edificios de época romana abandonados. El espacio interior se iluminaba mediante cuatro ventanas bajas de medio punto distribuidas simétricamente sobre el muro sur; a éstas, hay que añadir otra de la misma forma, pero mayor, ejecutada sobre el muro oeste. La entrada se procuraba mediante dos puertas: la practicada sobre el muro norte, que aún se ve hoy en día en su forma originaria, y la abierta en el centro del muro sur, reformada a principios del siglo XIII por gracia del obispo Mauricio.

La nave se recrece, años después de construida, pero todavía en época visigoda. Fruto de la reforma se realizan ventanas altas geminadas, de cuyos parteluces proceden cuatro capiteles que forman un conjunto excepcional de la escultura de este periodo.

El edificio en el siglo VIII

El arco de entrada al presbiterio está flanqueado por dos ventanas, condenadas posteriormente al construir los muros de una nueva cabecera en torno a los siglos IX-X. Estas ventanas abrían fuentes de luz a los costados del primer ábside, y su construcción pudiera vincularse a la hipotética existencia, en el siglo VIII, de dos altares situados bajo ellas.

Quizá, caso de ser ciertas estas suposiciones, el edificio hubiera servido en aquel tiempo como centro de culto de los grupos humanos que seguían viviendo en el valle de San Vicente tras la invasión islámica. Sobre estas gentes apenas existe información; no obstante, sospechamos, por datos posteriores, su arraigado sentido de pertenencia al valle y el carácter inestable de sus formas de vida.

El edificio en los siglos IX-X

En torno a los siglos IX-X se ejecutan una serie de obras de gran volumen: la cabecera primitiva fue demolida y se erigió otra más grande, en su lugar; a la par, se construyen nuevas dependencias al sur de la nave.

Iglesia

Aún hoy, podemos contemplar el ábside tal como se levantó entonces: tres ventanas iluminan el presbiterio, que se cubre al interior por cúpula. Al exterior, el elemento más llamativo es, sin duda, la cornisa, que asoma sobre los muros decorada mediante motivos geométricos y vegetales estilizados.

El espacio del pórtico actual no fue siempre diáfano como lo vemos al presente. En origen, estuvo techado y se dividía en tres: un espacio central, que daba paso a la iglesia, y dos cuartos laterales iluminados por ventanas en forma de saetera, las cuales todavía se conservan en los muros.

La pieza central, según queda dicho, servía como zaguán, y en ella se localizaron las basas de cuatro antiguos pilares que darían nobleza a la entrada del templo. En cambio, no sabemos con exactitud la función de las estancias laterales; a pesar de esto, en el caso de la occidental, podemos aventurar su dedicación como baptisterio, puesto que en ella se localizó una pileta rectangular, excavada en el suelo, que servía para administrar el sacramento a niños de corta edad.

La antigua iglesia pudo haberse convertido en un pequeño monasterio en torno a los siglos IX-X, lo que explicaría la remodelación del edificio en aquel tiempo. Un documento del año 1046 señala la existencia de un monasterio dedicado a las reliquias de Santa María en el valle de San Vicente; tal vez, la cita se refiera al edificio que venimos tratando.

Centros monásticos de reducidas dimensiones abundan en Castilla en las centurias novena y décima. Su florecimiento coincide con el asentamiento de la población en pequeñas aldeas, algunas de las cuales darán lugar, en el valle de San Vicente, a los pueblos actuales.

Obras en el siglo XIII

En el siglo XIII, el obispo Mauricio vuelve a consagrar la construcción bajo la advocación de Santa María. Tal circunstancia se expresa en las inscripciones labradas sobre la rosca del arco románico, que mando construir el prelado sobre una puerta anterior. La espadaña pudo tener sus orígenes en estas mismas fechas, y el arco de entrada al presbiterio también debió reformarse por aquel entonces en su traza actual.

Iglesia

El templo, a la par de su función religiosa, tenía, además, una función añadida como lugar de almacenamiento de grano. El producto de las cosechas se depositaba en silos de gran capacidad excavados en los suelos de la nave y el pórtico; esto fue así hasta que se cegaron todos ellos a finales del siglo XIV, una vez abandonado su uso.

Reformas posteriores

A partir del siglo XIII, el edificio no pierde su carácter parroquial, y, como no podía ser de otra manera, sufre reiteradas transformaciones. Resultan dignas de mención, entre otras empresas, la construcción, en el siglo XV, de una sacristía, y la reforma de la espadaña en dos ocasiones, la última de las cuales le dio su forma definitiva en el siglo XVIII.

Ultima restauración

En los años 80, un desgraciado incendio de las cubiertas provoco la ruina parcial del edificio, razón por la cual, la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de Cultura y Bienestar Social de la Junta de Astilla y León, a instancias del Arzobispado de Burgos, decidió acometer a su costa las obras de restauración del mismo con un presupuesto de 254.315,15 €. El proyecto incluía la ejecución de excavaciones arqueológicas previas, a cargo de D. José Ángel Aparicio Bastardo, y la restauración integral del edificio, a cargo de D. Antonio de la Fuente. La restauración, desarrollada entre Octubre de 1993 y Mayo de 1994, se fijó como objetivo la puesta en valor de las etapas prerrománicas de la iglesia. Para ello, los trabajos se centraron en la eliminación de aquellos elementos -campanario, bóvedas de la nave y sacristía- que dificultaban la comprensión de las partes más antiguas del edificio y en la posterior recuperación y acondicionamiento de éstas (nave, ábside y atrio).